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El Siglo XVIII

Según el calendario gregoriano vigente,el siglo XVIII comprende los años 1701-1800, ambos incluidos, de la era cristiana. En la historia occidental, el siglo XVIII también es llamado Siglo de las Luces, debido a que durante el mismo surgió el movimiento intelectual conocido como Ilustración. En ese marco, el siglo XVIII es fundamental para comprender el mundo moderno, pues muchos de los acontecimientos políticos, sociales, económicos, culturales e intelectuales del siglo han extendido su influencia hasta la actualidad. Tras el caos político y militar vivido en el siglo XVII, el siglo XVIII, no carente de conflictos, verá un notable desarrollo en las artes y las ciencias europeas de la mano de la Ilustración, un movimiento cultural caracterizado por la reafirmación del poder de la razón humana frente a la fe y la superstición. Las antiguas estructuras sociales, basadas en el feudalismo y el vasallaje, serán cuestionadas y acabarán por colapsar, al tiempo que, sobre todo en Inglaterra, se inicia la Revolución industrial y el despegue económico de Europa. Durante dicho siglo, la civilización europea occidental afianzará su predominio en el mundo, y extenderá su influencia por todo el orbe.

Fotografía de KalipediaSi la creencia en el progreso indefinido del hombre se encuentra, sin lugar a dudas, favorecida por los avances de la ciencia, no es menos cierto que éstos, a su vez, se veían espoleados por aquélla. Además, muchos filósofos se adentraron en este tipo de estudios: Voltaire introdujo a Newton en Francia e hizo un informe sobre el fuego para la Academia de Ciencias de París; Montesquieu escribió dos para la de Burdeos sobre el eco y la utilización de las glándulas renales; Holbach, estudió química y La Mettrie era médico.

Hacia 1690 la revolución científica veía culminada su obra consiguiendo dotar a la ciencia de un edificio estable y de un prestigio sin precedentes, reflejado en el interés que se suscita hacia ella dentro de los más variados círculos y en la difusión de sus métodos de análisis a otras disciplinas. Esa ciencia, como señala Bernal, presentaba una unidad de triple base: personal -los científicos abarcaban todos los campos-, de ideas -el método y la idea central nacen de la matemática- y de aplicación -le preocupan los problemas técnicos.-. Sus avances habían sido importantes en sí mismos, pero también, y sobre todo, por la conciencia generada de que "sólo se trataba de un comienzo, de que el avance por la misma línea no tenía límites". El siglo XVIII tratará de continuarlo, si bien en sus primeras décadas le va a interesar más el carácter recreativo e instructivo de la ciencia que el utilitario de la centuria precedente, al que se volverá a partir de los años sesenta. Los centros del pensamiento científico del período los encontramos en Francia, en torno a La Enciclopedia, y Gran Bretaña, donde sobresalen Leeds, Glasgow, Edimburgo, Manchester y, de manera especial, Birmingham.

Si los científicos del Seiscientos habían centrado su labor en resolver problemas tradicionales, en estudiar la Naturaleza con métodos experimentales y matemáticos, sus sucesores ampliaron la esfera de intereses, trataron de actuar sobre aquélla transformándola y de integrar a la ciencia en el mecanismo productivo, pese a que las relaciones con la técnica, hasta la revolución industrial de fin de siglo, hayan sido débiles. En una palabra, ponen en marcha el proceso, culminado por la centuria siguiente, de convertir a la ciencia en característica indispensable del nuevo mundo industrializado que acaba de nacer. El camino no iba a ser fácil y en un terreno más nos vamos a encontrar con los claroscuros del dieciocho.


Entre los numerosos inventores del siglo XVIII, se podrían destacar los siguientes:

Lavoisier
Franklin
Galvani
Coulomb
Henry Cavendish

Antoine Laurent De Lavoisier

Fotografía sacada de la wikimediaNació en París, 26 de agosto de 1743. Fue un químico francés, considerado el creador de la química moderna, junto a su esposa, la científica Marie-Anne Pierette Paulze, por sus estudios sobre la oxidación de los cuerpos, el fenómeno de la respiración animal, el análisis del aire, la Ley de conservación de la masa o Ley Lomonósov-Lavoisier y la calorimetría. Fue también filósofo y economista. Se le considera el padre de la química moderna por sus detallados estudios, entre otros: el estudio del aire, el fenómeno de la respiración animal y su relación con los procesos de oxidación, análisis del agua, uso de la balanza para establecer relaciones cuantitativas en las reacciones químicas estableciendo su famosa Ley de conservación de la masa.

Orientado por su familia en un principio a seguir la carrera de derecho, Antoine-Laurent de Lavoisier recibió una magnífica educación en el Collège Mazarino, en donde adquirió no sólo buenos fundamentos en materia científica, sino también una sólida formación humanística. Lavoisier ingresó luego en la facultad de derecho de París, donde se graduó en 1764, por más que en esta época su actividad se orientó sobre todo hacia la investigación científica. En 1766 recibió la medalla de oro de la Academia de Ciencias francesa por un ensayo sobre el mejor método de alumbrado público para grandes poblaciones. Con el geólogo J.E. Guettard, confeccionó un atlas mineralógico de Francia. En 1768 presentó una serie de artículos sobre análisis de muestras de agua, y fue admitido en la Academia, de la que fue director en 1785 y tesorero en 1791.

Su esposa, Marie Paulze, con quien se casó en 1771, fue además su más estrecha colaboradora, e incluso tradujo al inglés los artículos redactados por su esposo. Un año antes, éste se había ganado una merecida reputación entre la comunidad científica de la época al demostrar la falsedad de la antigua idea, sostenida incluso por Robert Boyle, de que el agua podía ser convertida en tierra mediante sucesivas destilaciones. La especulación acerca de la naturaleza de los cuatro elementos tradicionales (aire, agua, tierra y fuego) llevó a Lavoisier a emprender una serie de investigaciones sobre el papel desempeñado por el aire en las reacciones de combustión. Presentó a la Academia los resultados de su investigación en 1772, e hizo hincapié en el hecho de que cuando se queman el azufre o el fósforo, éstos ganan peso por absorber «aire», mientras que el plomo metálico formado tras calentar el plomo mineral lo pierde por haber perdido «aire». A partir de los trabajos de Priestley, acertó a distinguir entre un «aire» que no se combina tras la combustión o calcinación (el nitrógeno) y otro que sí lo hace, al que denominó oxígeno (productor de ácido).

Los resultados cuantitativos y demás evidencias que obtuvo Lavoisier se oponían a la teoría del flogisto, aceptada incluso por Priestley, según la cual una sustancia hipotética –el flogisto– era la que se liberaba o se adquiría en los procesos de combustión de las sustancias. Lavoisier publicó en 1786 una brillante refutación de dicha teoría, que logró persuadir a gran parte de la comunidad científica del momento, en especial la francesa; en 1787 se publicó el Méthode de nomenclature chimique, bajo la influencia de las ideas de Lavoisier, en el que se clasificaron y denominaron los elementos y compuestos entonces conocidos.

En 1789, en colaboración con otros científicos fundó Annales de Chimie, publicación monográfica dedicada a la nueva química. La expansión de la doctrina defendida por Lavoisier se vio favorecida con la publicación en 1789 de su obra Tratado elemental de química. De este libro, que contiene una concisa exposición de su labor, cabe destacar la formulación de un primer enunciado de la ley de la conservación de la materia. También efectuó investigaciones sobre la fermentación y sobre la respiración animal. De los resultados obtenidos tras estudiar el intercambio de gases durante el proceso de respiración, en una serie de experimentos pioneros en el campo de la bioquímica, concluyó que la respiración es un tipo de reacción de oxidación similar a la combustión del carbón, con lo cual se anticipó a las posteriores explicaciones del proceso cíclico de la vida animal y vegetal.

Lavoisier fue asimismo un destacado personaje de la sociedad francesa de su tiempo. De ideas moderadas, desempeñó numerosos cargos públicos en la Administración del Estado, si bien su adhesión al impopular Ferme Générale le supuso la enemistad con el revolucionario Marat. Un año después del inicio del Terror, en mayo de 1794, tras un juicio de tan sólo unas horas, un tribunal revolucionario lo condenó a la guillotina, falleciendo el 8 de mayo de 1794.

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Benjamin Franklin

Fotografía sacada de la wikipediaNació en Boston, en 1706  y murió en Filadelfia, en 1790. Fue político, científico e inventor estadounidense. Benjamin Franklin fue el decimoquinto hijo de un total de diecisiete hermanos (cuatro medios hermanos de padre y el resto hermanos de padre y madre). Hijo de Josiah Franklin (1656-1744) y de su segunda esposa Abiah Folger. Benjamin Franklin cursó únicamente estudios elementales, y éstos sólo hasta la edad de diez años. A los doce comenzó a trabajar como impresor en una empresa propiedad de uno de sus hermanos. Más tarde fundó el periódico La Gaceta de Pensilvania, que publicó entre los años 1728 y 1748. Publicó además el Almanaque del pobre Richard (1732-1757) y fue responsable de la emisión de papel moneda en las colonias británicas de América (1727).

El interés de Benjamin Franklin por los temas científicos comenzó a mediados de siglo y coincidió con el inicio de su actividad política, que se centró en diversos viajes a Londres, entre 1757 y 1775, con la misión de defender los intereses de Pensilvania. Participó de forma muy activa en el proceso que conduciría finalmente a la independencia de las colonias británicas de América, intervino en la redacción de la Declaración de Independencia (1776) junto a Jefferson y J. Adams, y se desplazó a Francia en busca de ayuda para proseguir la campaña contra las tropas británicas. Finalizada la guerra, Benjamin Franklin fue partícipe en las conversaciones para concluir el tratado de paz que pondría fin al conflicto y contribuyó a la redacción de la Constitución estadounidense.

Por lo que respecta a su actividad científica, durante su estancia en Francia, en 1752, llevó a cabo el famoso experimento de la cometa que le permitió demostrar que las nubes están cargadas de electricidad y que, por lo tanto, los rayos son esencialmente descargas de tipo eléctrico. Para la realización del experimento, no exento de riesgo, utilizó una cometa dotada de un alambre metálico unido a un hilo de seda que, de acuerdo con su suposición, debía cargarse con la electricidad captada por el alambre. Durante la tormenta, acercó la mano a una llave que pendía del hilo de seda, y observó que, lo mismo que en los experimentos con botellas de Leyden que había realizado con anterioridad, saltaban chispas, lo cual demostraba la presencia de electricidad. Este descubrimiento le permitió inventar el pararrayos, cuya eficacia dio lugar a que ya en 1782, en la ciudad de Filadelfia, se hubiesen instalado 400 de estos ingenios. Sus trabajos acerca de la electricidad le llevaron a formular conceptos tales como el de la electricidad negativa y positiva, a partir de la observación del comportamiento de las varillas de ámbar, o el de conductor eléctrico, entre otros.

Franklin leyendo

Además, expuso una teoría acerca de la electricidad en la que consideraba que ésta era un fluido sutil que podía presentar un exceso o un defecto, descubrió el poder de las puntas metálicas al observar que un cuerpo con carga eléctrica se descarga mucho más deprisa si termina en punta, y enunció el principio de conservación de la carga eléctrica.

Inventó también el llamado horno de Franklin y las denominadas lentes bifocales. La gran curiosidad que sentía por los fenómenos naturales le indujo a estudiar, entre otros, el curso de las tormentas que se forman en el continente americano, y fue el primero en analizar la corriente cálida que discurre por el Atlántico norte y que en la actualidad se conoce con el nombre de corriente del Golfo. Su temperamento activo y polifacético impulsó también a Benjamin Franklin a participar en las cuestiones de ámbito local, por ejemplo, en la creación de instituciones como el cuerpo de bomberos de Filadelfia, la biblioteca pública y la Universidad de Pensilvania, así como la Sociedad Filosófica Americana. Fue el único americano de la época colonial británica que alcanzó fama y notoriedad en la Europa de su tiempo.


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Luigi Galvani

Fotografía sacada del blog NNDBLuigi Galvani nació en Bolonia, Italia, el 9 de septiembre de 1737. Fue médico, fisiólogo y físico italiano. Sus estudios le permitieron descifrar la naturaleza eléctrica del impulso nervioso. A partir aproximadamente de 1780, Galvani comenzó a incluir en sus conferencias pequeños experimentos prácticos que demostraban a los estudiantes la naturaleza y propiedades de la electricidad. En una de estas experiencias, el científico demostró que, aplicando una pequeña corriente eléctrica a la médula espinal de una rana muerta, se producían grandes contracciones musculares en los miembros de la misma. Estas descargas podían lograr que las patas (incluso separadas del cuerpo) saltaran igual que cuando el animal estaba vivo.

El médico había descubierto este fenómeno mientras disecaba una pata de rana, su bisturí tocó accidentalmente un gancho de bronce del que colgaba la pata. Se produjo una pequeña descarga, y la pata se contrajo espontáneamente. Mediante repetidos y consecuentes experimentos, Galvani se convenció de que lo que se veía eran los resultados de lo que llamó "electricidad animal". Galvani identificó a la electricidad animal con la fuerza vital que animaba los músculos de la rana, e invitó a sus colegas a que reprodujeran y confirmaran lo que hizo. Así lo hizo en la Universidad de Pavía el colega de Galvani, Alejandro Volta, quien afirmó que los resultados eran correctos pero no quedó convencido con la explicación de Galvani.

Los cuestionamientos de Volta hicieron ver a Galvani que aún restaba mucho por hacer. La principal traba a su explicación era el desconocimiento de los motivos por los que el músculo se contraía al recibir electricidad. La teoría obvia era que la naturaleza del impulso nervioso era eléctrica, pero quedaba demostrarla. El fisiólogo llamó a esta forma de producir energía "bioelectrogénesis". A través de numerosos y espectaculares experimentos —como electrocutar cadáveres humanos para hacerlos bailar la "danza de las convulsiones tónicas"— llegó a la conclusión de que la electricidad necesaria no provenía del exterior, sino que era generada en el interior del propio organismo vivo, que, una vez muerto, seguía conservando la capacidad de conducir el impulso y reaccionar a él consecuentemente. Pensó correctamente que la electricidad biológica no era diferente de la producida por otros fenómenos naturales como el rayo o la fricción, y dedujo con acierto que el órgano encargado de generar la electricidad necesaria para hacer contraer la musculatura voluntaria era el cerebro. Demostró asimismo que los "cables" o "conectores" que el cerebro utilizaba para canalizar la energía hasta el músculo eran los nervios.

Con sus explicaciones, Galvani había por fin desestimado las antiguas teorías de Descartes que pensaba que los nervios eran tan solo caños que transportaban fluidos. La verdadera naturaleza del sistema nervioso como un dispositivo eléctrico enormemente eficiente había sido comprendida por fin. Desafortunadamente, en tiempos de Galvani no existían instrumentos de medición capaces de determinar los escasísimos niveles de voltaje que circulan por los nervios: la tarea quedó necesariamente en manos de científicos posteriores dotados de una tecnología más avanzada. Los estudios de Luigi Galvani inauguraron una ciencia entera que no existía hasta ese momento: la neurofisiología, estudio del funcionamiento del sistema nervioso en la que se basa la neurología.

Galvani conservó su sillón de profesor titular de la Cátedra de Anatomía en su universidad durante 35 años (1762-1797). En poco tiempo, su enorme capacidad para la cirugía le valió también el nombramiento como jefe de obstetricia del Instituto de Ciencias, además, nombrado director en 1772. Sin embargo, cuando todos los profesores universitarios fueron "invitados" a firmar un juramento de lealtad al emperador extranjero Napoleón Bonaparte durante la época de la invasión de éste a Italia, con enorme integridad y nacionalismo, Galvani se negó a hacerlo, y como consecuencia fue inmediatamente despedido de todos sus cargos. Murió menos de un año más tarde, el 4 de diciembre de 1798.

A partir de la publicación en 1791 de su libro De viribus electricitatis in motu musculari commentarius, el fenómeno de galvani Más allá de la obvia naturaleza fundacional del descubrimiento de Galvani con respecto a las modernas neurociencias, tuvo otras consecuencias no menos trascendentes. Su disputa con Alessandro Volta acerca de la naturaleza de la electricidad sugirió a este último el diseño y desarrollo de la primera pila voltaica, mientras estimulaba a otros investigadores como Benjamin Franklin y Henry Cavendish a profundizar en sus estudios sobre el particular. La palabra galvanismo es un homenaje a Galvani. En el ámbito literario, la novela Frankenstein de la escritora adolescente Mary Shelley refleja, en un contexto terrorífico, los impresionantes experimentos de Galvani y sus seguidores acerca de la aparente "reanimación" de cadáveres mediante la aplicación de descargas eléctricas.

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Charles-Augustin Coulomb

Fotografía sacada de la wikipediaCharles-Augustin de Coulomb nació en Angulema, Francia, el 14 de junio de 1736 y falleció en París, el  23 de agosto de 1806. Fue un físico e ingeniero francés. Se recuerda por haber descrito de manera matemática la ley de atracción entre cargas eléctricas. En su honor la unidad de carga eléctrica lleva el nombre de culombio (C). Entre otras teorías y estudios se le debe la teoría de la torsión recta y un análisis del fallo del terreno dentro de la Mecánica de suelos.

Su celebridad se basa sobre todo en que enunció la ley física que lleva su nombre (ley de Coulomb), que establece que la fuerza existente entre dos cargas eléctricas es proporcional al producto de las cargas eléctricas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa. Las fuerzas de Coulomb son unas de las más importantes que intervienen en las reacciones atómicas.

Después de pasar nueve años en las Indias Occidentales como ingeniero militar, regresó a Francia con la salud maltrecha. Tras el estallido de la Revolución Francesa, se retiró a su pequeña propiedad en la localidad de Blois, donde se consagró a la investigación científica. En 1802 fue nombrado inspector de la enseñanza pública. Influido por los trabajos del inglés Joseph Priestley (ley de Priestley) sobre la repulsión entre cargas eléctricas del mismo signo, desarrolló un aparato de medición de las fuerzas eléctricas involucradas en la ley de Priestley, y publicó sus resultados entre 1785 y 1789. Estableció que las fuerzas generadas entre polos magnéticos iguales u opuestos son inversamente proporcionales al cuadrado de la distancia entre ellos, lo cual sirvió de base para que, posteriormente, Simon-Denis Poisson elaborara la teoría matemática que explica las fuerzas de tipo magnético. En fin, Coulomb también estudió la electrización por frotamiento y la polarización, e introdujo el concepto de momento magnético

También realizó investigaciones sobre las fuerzas de rozamiento, y sobre molinos de viento, así como también acerca de la elasticidad de los metales y las fibras de seda. La unidad de carga eléctrica del Sistema Internacional lleva el nombre de culombio (simbolizado C) en su honor. Coulomb murió en 1806, cinco años después de convertirse en presidente del Instituto de Francia (antiguamente la Academia de Ciencias de París). Su investigación sobre la electricidad y el magnetismo permitió que esta área de la física saliera de la filosofía natural tradicional y se convirtiera en una ciencia exacta. La historia lo reconoce con excelencia por su trabajo matemático sobre la electricidad conocido como "Leyes de Coulomb".

Variación de la Fuerza de Coulomb en función de la distancia. En la barra de la balanza, Coulomb colocó una pequeña esfera cargada y a continuación, a diferentes distancias, posicionó otra esfera también cargada. Luego midió la fuerza entre ellas observando el ángulo que giraba la barra. Dichas mediciones permitieron determinar que: La fuerza de interacción entre dos cargas y duplica su magnitud si alguna de las cargas dobla su valor, la triplica si alguna de las cargas aumenta su valor en un factor de tres, y así sucesivamente. Concluyó entonces que el valor de la fuerza era proporcional al producto de las cargas: y en consecuencia: Si la distancia entre las cargas es , al duplicarla, la fuerza de interacción disminuye en un factor de 4 (2²); al triplicarla, disminuye en un factor de 9 (3²) y al cuadriplicar , la fuerza entre cargas disminuye en un factor de 16 (4²). En consecuencia, la fuerza de interacción entre dos cargas puntuales, es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia: Asociando ambas relaciones: Finalmente, se introduce una constante de proporcionalidad para transformar la relación anterior en una igualdad:

Franklin leyendo

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Henry Cavendish

Fotografía sacada del blog de electricidad de AlejandroHenry Cavendish, el más británico de los británicos, nació en Francia. Pero no en cualquier parte, claro, sino en Niza, porque a qué otro sitio de Francia iban a ir lord Charles Cavendish, hijo del duque de Devonshire y lady Anne Gray, hija de la duquesa de Kent, sus padres. El acontecimiento tuvo lugar al final del veraneo de 1731, que se prolongó hasta bien entrado octubre porque la madre no estaba bien de salud. De hecho, a causa del siguiente parto, el de Federick, que tuvo lugar dos años después, lady Anne murió. Así pués, tenemos al primogénito de una escueta familia descendiente de la más alta aristocracia cuyos linajes se remontaban varios siglos: la época de los normandos. Los padres de Cavendish fueron científicos y adiestraron a su hijo desde muy temprana edad y, al igual que Newton, se formó en Cambridge pero no obtuvo el título universitario al finalizar los estudios. El motivo fue que no quiso declararse anglicano.

La educación del joven Henry fue la convencional entre los hijos de los aristócratas de la época: primero a base de tutores privados, a los 11 años en el seminario de Hackney, en las afueras de Londres, y a los 18 en Cambridge, en este caso en el College Saint Peter. Y después, naturalmente, a disfrutar del Grand Tour por el continente. A su regreso, se enclaustró con su padre en la mansión familiar de Great Marlborough Street, en pleno Soho londinense. Lord Charles Cavendish era un hombre curioso en todos los sentidos de la palabra. Su deseo de aprender era grande, y sus costumbres y carácter, originales. Franklin apreciaba mucho al padre de Henry, en particular por sus experimentos sobre la electricidad. También llevaba a cabo, siempre ayudado por su hijo, experimentos de química. La vida de ambos, en particular la de su hijo, no podía ser más comedida: de mutuo acuerdo se la había asignado una renta de 120 libras al año, 5 chelines para que se pagara las cenas en el club de la Royal Society, en la que ingresó con todos los honores en 1760, a los 29 años.

La vida de Henry no sólo era modesta, sino también absolutamente reservada. Disfrutaba enormemente de la soledad, amaba la ciencia por sí misma y por nada más. Estos dos aspectos tan notables se reflejaban en ciertas costumbres que adquirió: apenas se relacionaba con nadie, ni siquiera con sus criados, y tampoco veía a menudo a otros miembros de la Royal Society. No salía de su mansión más que para las mencionadas cenas semanales. Además, los honores e incluso las aplicaciones que pudieran conllevar sus descubrimientos científicos le eran no sólo indiferentes, sino que incluso evitaba que le ocasionaran la más mínima molestia. Por eso apenas publicaba, y cuando lo hacía sus escritos eran bastante incomprensibles, porque mucho de lo que decía en ellos se basaba en resultados que nunca había publicado. Tuvieron que pasar muchos años para que se supiera que muchos de los descubrimientos que hicieron otros en química y electricidad, como Faraday, Coulomb y Ohm, los había hecho Cavendish antes. Esto lo descubrió Maxwell, que un siglo después, editó un libro con todos los hallazgos de este oscuro noble inglés.

Cavendish, fundamentalmente, media y medía y en su laboratorio buscaba la sistematización de datos cuantitativos. Su primer artículo trató los gases como compuestos químicos y esto por aquella época era toda una novedad ya que la única teoría imperante era la del flogisto: el único gas era el aire y lo que emitían los materiales al arder o hervir era el flogisto que el aire contenía. Cavendish encontró la propia composición del aire, después de cientos de análisis y en las proporciones que hoy conocemos. En esos años, que fueron muchos, porque su padre murió en 1783, cuando Henry tenía 52, hizo otros descubrimientos pasmosos: el agua estaba formada por hidrógeno y oxígeno, definió las propiedades del hidrógeno, el elemento más simple y abundante del universo, que le llamó "aire inflamable"; midió los calores específicos de la ebullición y de la congelación con la composición y concentración de esas disoluciones, etc. Por otra parte, llevaba a cabo fascinantes experimentos y mediciones de los fenómenos eléctricos. La Ley de Coulomb, que se le atribuye a Coulomb, en realidad ya la había descubierto muchos años antes Cavendish. Él tenia tal aprecio a la medición que cuando no la podía hacer exacta trataba de aproximarla a toda costa. Como no disponía de amperímetro (no se había inventado) se utilizaba a él mismo, recibiendo descargas y anotando las impresiones que sentía. Descubrió uno de los elementos básicos de la electrónica primitiva: el condensador.

Los Cavendish, padre e hijo, no es que fueran avaros o codiciosos y por eso llevaban una vida austera y frugal, ni mucho menos; simplemente, no les interesaba el dinero y su herencia era enorme. Gastaban con largueza en libros y en aparatos científicos. Además, no eran acaparadores, ya que pusieron su impresionante biblioteca a disposición de cualquiera que mostrara verdadero interés o amor por la ciencia. Pero pronto se dieron cuenta de que ello implicaba tener que relacionarse con otros sabios, y eso no les gustó. Así que trasladaron la biblioteca a una propiedad suya, situada a seis kilómetros de Londres, llamada Clapham Common. Allí tenía que ir quien quisiera estudiar sin necesidad de encontrarse con ellos. En esa residencia se enclaustró Henry al morir su padre. Además de la biblioteca, construyó mejores laboratorios que los que tenía en Londres. Poseía en un pináculo de la casa, un enorme termómetro, mucho má preciso que cualquiera que se usase en aquella época. También en esa casa se dedicó a la astronomía. Cada vez era más introvertido. Se dice de él que "probablemente, lord Cavendish dijo menos palabras en toda su vida que cualquiera que hubiera vivido cuatro veces más, sin exceptuar a los monjes trapenses". He hecho, con sus criados se comunicaba muchas veces con notas manuscritas. Además, vestía siempre igual, con una vestimenta casi un siglo pasada de moda y jamás quiso posar para un retrato, rompiendo así una tradición familiar de ochocientos años de antigüedad. Por último, era misogeno y no podía ver a las mujeres ni en pintura, de modo que si sus sirvientas querían conservar su trabajo no podían dejarse ver ni dirijirle la palabra. A la edad de 70 años, Henry ideó una especie de balanza que instaló en el sótano de la casa. Fue llamada la balanza de torsión de Cavendish cuyo principio es muy simple. Se trata de colgar de un hilo un brazo en cuyos extremos se colocan 2 cuerpos de masas mucho mayores que el brazo. Enfrentadas a estas se ponen otras dos que se atraerán gravitatoriamente, haciendo girar la balanza.

Cuando tenía 79 años y sin que nadie tuviera noticia de que padeciera enfermedad alguna, el 24 de febrero de 1810, al atardecer, llamó a su mayordomo y le dijo "Atiende bien a lo que te voy a decir, voy a morir. Cuando esté muerto, no antes, le das la noticia a lord George Cavendish. Vete". Media hora más tarde volvió a llamar al consternado mayordomo y le hizo repetir sus instrucciones. Cuando estuvo satisfecho, Cavendish replicó: "Muy bien. Ahora tráeme el agua de lavanda y después te vas". El mayordomo tardó unos días en percibir el inconfundible olor tras la puerta que le confirmó que había llegado la hora de llamar al sobrino de su señor, cumpliendo así su orden póstuma.

La constante de la gravitación universal, G, fue medida en un importante experimento realizado por Henry Cavendish en 1798. El aparato de Cavendish se compone de dos esferas pequeñas, cada una de masas "m" fijas a los extremos de una ligera barra horizontal suspendida por una fina fibra o un alambre metálico delgado. Cuando dos grandes esferas, cada una de masa "M", se colocan cerca de las esferas más pequeñas, la fuerza de atracción entre las esferas pequeñas y grandes hace que la barra gire y tuerza el alambre de suspensión en una nueva orientación de equilibrio. Se mide el ángulo al cual gira la barra, por medio de la desviación de un haz luninoso que se refleja en un espejo unido a la suspensión vertical. Además de proporcionar el valor de G, los experimentos muestran que la la fuerza es atractiva, proporcional al producto m.M e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre los centros de masas de las esferas.

Experimento de Cavendish

Mediante lo que se conoce como ‘experimento de Cavendish’, que describió en su trabajo Experiences to determine the density of the Earth (1789), determinó que la densidad de la Tierra era 5,45 veces mayor que la densidad del agua, un cálculo muy cercano a la relación establecida por las técnicas modernas (5,5268 veces). Cavendish también determinó la densidad de la atmósfera y realizó importantes investigaciones sobre las corrientes eléctricas. Cavendish demostró experimentalmente que la ley de la gravedad de Newton se cumplía igualmente para cualquier par de cuerpos. Para ello utilizó una balanza de torsión en un famoso experimento, conocido como el experimento de Cavendish o experimento de la balanza de torsión, en el que determinó el valor de la constante de gravitación universal, (G = 6.67 * 10 − 11), haciendo posible el cálculo de la masa de la Tierra y otros cuerpos del Sistema Solar.

Cavendish torsión



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